viernes, 28 de junio de 2013
Hoy un poco de musica...
Hay días en los que las palabras se atascan, y es necesario que sean las notas las que se expresen con total libertad...
miércoles, 26 de junio de 2013
De los pelos
Se supone que en estas fechas es cuando uno comienza a
relajarse, mira por la ventana y el sol y los pantalones cortos le hacen pensar
en lo que va a disfrutar de sus ratos libres; en la oficina poco a poco la
gente se va marchando de vacaciones con lo que hay menos volumen de trabajo; y ya
casi casi tienes la maleta preparada para ese tan ansiado viaje que llevas
tanto tiempo preparando…
Pero resulta que este año, cazurro el como ninguno, se
empeña en llevarme la contraria, y en convertir el comienzo de verano en un
larguísimo final del otoño, que esperemos se evapore con el primer día de
playa. La cuestión es que entre el clima polar, la ingente cantidad de trabajo
que tenemos y que ya hace un año que volví de mis no se si merecidas pero sí
disfrutadas vacaciones, este mes final de mes de junio me están entrando ganas
de arrancarme los pelos uno a uno, incluidos los de las piernas e incluso los
del culo si la cosa se alarga.
Así que nada, seguimos intentando respirar el inexistente aroma
veraniego, comenzando a soñar con horizontes que recorrer el año que viene y
tomándonos el curro como lo que es, a ver si así conservamos los 4 pelos que
nos quedan…
viernes, 21 de junio de 2013
Los antiviajes
Siempre digo, cuando me sale el corazón viajero, que uno
puede llegar a encontrarse en su casa prácticamente en cualquier lugar, la única
premisa es encontrarse donde uno se quiere encontrar.
Por eso, imagino, es por lo que me gustan tan poco los
viajes obligados, las rutas hechas a la fuerza y en las que los ojos de niño
son más un estorbo que otra cosa. Viajar por trabajo… casi casi lo puede uno
considerar un oximoron…
Cuando uno viaja por trabajo hay algo que marca
transversalmente todo lo que rodea al viaje: la falta de ilusión. Los
aeropuertos dejan de ser la puerta de salida de sueños y noches sin dormir para pasar a ser una mera
herramienta para llegar a un destino no deseado. Los hoteles no son la cama en
la que reposar las vivencias adquiridas y grabar las imágenes disfrutadas para
pasar a ser no más que las paredes que encierran el descanso que precede a una
mañana de más de lo mismo. Las calles dejan de emitir aromas y sonidos para el
recuerdo, y sólo quedan prisas y cosas por hacer, mucho gris y poco color…
Por eso, cuando uno vuelve a casa, después de un viaje
antiviaje, al final sólo quiere volver a disfrutar de lo cotidiano, y empezar a
pensar en futuros aeropuertos, en los que los destinos no se midan con cronómetros
y cuando se pague, no haga falta pedir el ticket…
viernes, 14 de junio de 2013
martes, 11 de junio de 2013
Aplastando rutinas
A lo largo de la vida, casi en todo lo que hacemos, siempre se corre el riesgo de caer en la rutina. La rutina, esa especie de guión escrito de lo que debe ocurrir en cada instante que no deja casi lugar a la improvisación, y que poco a poco va tornando gris todo aquello que en un primer momento estaba rebosante de color.
Las rutinas existen, y suelen llegar para quedarse, y si no saben enfocarse correctamente con ellas viene el gris y las ganas de romper con todo y lanzarse hacia algo nuevo que el tiempo vuelva a convertir en rutina.
En mi opinión las rutinas, mas que de costumbre, son una cuestión de enfoque. Realmente en esta vida todo depende de los ojos con los que se mire, se puede pensar que otra vez toca ir al trabajo o se puede enfocar como que se tiene un trabajo en el que desarrollarse (hablando desde una óptica personal, no productivista), se puede pensar que otra vez toca comer arroz o se puede pensar que se tiene para comer, se puede pensar que otra vez las mismas tonterías en el mismo bar con la misma gente o se puede pensar que es maravilloso poder seguir reuniéndote con tu gente, siempre con la mente puesta en mejorar lo presente, pero enfocando las rutinas como algo positivo.
Yo, a nivel personal, me he terminando habituando a mis propias rutinas, e incluso he llegado a amarlas y desear que se produzcan, desear que llegue la imprevisible rutina de tus besos y abrazos, la rutina de nuestros intercambios de sonrisas, de nuestras locuras, de crear sueños en nuestra pequeña trinchera… divina rutina…
viernes, 7 de junio de 2013
miércoles, 5 de junio de 2013
Había una vez...
Desde siempre me he considerado un payaso, en el buen
sentido de la palabra, en el caso de que pueda tener algún sentido malo. Como personaje
de narices rojas, zapatones y sonrisas tatuadas, no hay lugar en el que me
sienta más en casa que en una gran carpa de colores llena de banderines.
Lo cierto es que hacía ya muchos años, demasiados, que no
pisaba la carpa de un circo. Desde niño me ha encantado todo lo que se
transmite hacia el espectador en estos mágicos lugares, la magia, la emoción,
la capacidad de ilusionarse… es complicado que a la gente no le salga una
sonrisa cuando es cucha: ya ahora llega el más difícil todavía…
Mal que me pese, esto de tener esa vocecita en la cabeza que
habrá quien diga que es conciencia y habrá quien piense que es un duende malo
que me lleva al camino de la perdición, me ha hecho desde hace años desistir de
disfrutar de los habituales espectáculos circenses de toda la vida, al final la
ilusión no compensa el trato vejatoria que se da a los animales que se utilizan
en este tipo de espectáculos, la verdad es que ser antitaurino e ir al circo es
como ser vegano y comer big macs.
Pero en estas que quien más me conoce, quien soporta y
disfruta mi caminar por el mundo con ojos de niño, me ha invitado a ver y disfrutar el
circo del sol y, por dos horas, ha conseguido que vuele lejos, a ese mundo mágico
en el que todo es posible, ese mundo en el que todo es color, asombro y diversión,
ese mundo que, a pesar de todo, no puede compararse con la magia de descubrir tus
horizontes cada mañana al despertarme en nuestra cálida trinchera…
lunes, 3 de junio de 2013
Me gustas con sol
La verdad es que, a pesar de haber ido ya mil y una veces a
la capital del reino, siempre me parece que le falta algo para ser una de esas
ciudades que te “enganchan”. Madrid tiene esa mezcla de encanto y de falta de
personalidad de los lugares en los que todo el mundo es de fuera y de allí al mismo
tiempo.
Son muchas las veces que me ha dado la impresión,
recorriendo sus calles, de ser una especie de gran casa de vacaciones familiar,
uno de esos sitios en los que uno está a gusto, de los que desea que sean lo más
confortables posible, pero que en el fondo es totalmente consciente de que no
es para quedarse, con el desapego que ello conlleva.
Sin embargo, hay veces, ni las más ni las menos, pero sobre
todo en primavera, en las que las calles toman un color diferente, es las que
da la impresión de que las personas hacen suyos los bares, los parques, las
aceras. Son esos días en los el sol se deja caer sobre su contaminado cielo,
esos días en los que aún el calor no llega al sofoco y todavía se huelen
lejanas las vacaciones que permitan regresar al verdadero hogar, son esos días
en los que los madrileños y madrileñas de verdad lo parecen, son esos días en
los que luce el sol, son esos días, en los que de verdad me gustas…
