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martes, 30 de diciembre de 2014

Acabando con ánimo...


martes, 2 de diciembre de 2014

Aquella montaña

Lo cierto es que, queriendo o sin quererlo, siempre ha habido un antes y un después de aquella montaña. No puedo negar que mi cabeza siempre había ido acompasada de mi corazón y del resto de mi cuerpo, me pasé años y años buscando caminos, tropezando, levantándome, buscando el equilibrio, encajando piezas de un rompecabezas sin fin.

Cuando hace cinco años comenzó aquel viaje, no sabía aún que buscando el mundo me iba a encontrar a mi mismo. Se suele decir que, a veces, la mejor forma de arreglar los problemas es alejarse un poco, mirar desde fuera con otra perspectiva y darse cuenta de que no estábamos enfocando las cosas como debíamos.

Y así, con esa distancia, la que dan océanos, la que otorgan 12.000 kilómetros, comencé a darme cuenta de que no era necesario terminar el rompecabezas, día a día y hora a hora fui comprendiendo que el equilibrio está en agradecer cada pieza que vas encontrando, aunque no encaje, porque siempre habrá un momento en el que termines haciéndole un hueco. Día a día y hora a hora fui comprendiendo que mis dolores no debían ser lastres en el camino sino experiencias que ayudaban a caminar mejor. Día a día y hora a hora me fui dando cuenta de que, por fin, todas las piezas, las mías, terminaban de encajar.

Y fue allí, en aquella montaña, sintiéndome tan minúsculo, sintiéndome tan poca cosa y sintiéndome tan grande al mismo tiempo, donde, como por arte de magia, escuché ese click interior que me hizo comprender que algo nuevo comenzaba a partir de ese momento, algo que no cambió nada y lo cambió todo, algo que desde entonces me hace saborear victorias sonreír derrotas.


No se si fue mi continua búsqueda, si fue mi propia evolución o si es que las cosas pasan cuando tienen que pasar, pero, desde entonces, y aunque no fuera cosa suya, sigo enormemente agradecido a aquella montaña...

jueves, 27 de noviembre de 2014

El original...

No hay que perder las buenas costumbres, los jueves son para mafaldear...


lunes, 17 de noviembre de 2014

Faltan teclas

Lo cierto es que no es que las ideas me abandonen o que haya dejado de volver loca a mi cabecita con cada paso y cada latido, pero últimamente el teclado acumula más polvo que relatos, y eso nunca fue bueno.

La verdad es que, por mucho que quiera ponerme, cada vez me cuesta más ordenarme un momento y dedicarlo a trasladar de las neuronas a la pantalla  mis historias, vivencias y locuras. Me sobran ideas, y me faltan teclas, me sobran caminos y me faltan pasos, me sobra el tiempo y me faltan las horas... imagino que soy así, un pequeño gran desastre que se pierde más en el cómo ir a un sitio que en el sitio en sí, y a veces con este rinconcito me pasa lo mismo, que de tanto que a veces he querido contar ahora estoy un poco perdido en mi propio cuento.

El tiempo vuelve las cosas a sus cauces, las palabras a sus libros y las historias a sus rinconcitos, sólo es cuestión, me temo, de no pensar que faltan teclas, sino de volver a echar un ojo de vez en cuando a nuestro teclado.

lunes, 20 de octubre de 2014

Cascabeles

Si algo me emociona cuando llega el otoño, más allá de sus gamas de colores o de toparme con setas del tamaño de mi cabeza, es sin duda el sonido de los cascabeles. Ese momento de abrir el armario e ir sacando la camisa, la txapela, las abarkas, el garriko... y escuchar de repente el tintineo de esas mágicas bolitas plateadas.

Y me emociono, y me sonrío, y se me eriza la piel. Y todo esto porque ese sonido significa que llegan días felices. Y mira por donde que habrá quien piense que tampoco es tan feliz volver a casa todas las mañanas con los pies destrozados y ampollas en las ampollas, quien no le vea la emoción a ese cuerpo escombro que cada vez parece más irrecuperable o quien no sienta escalofríos pensando en mañanas de ibuprofeno y almax, peor para ellos.


Porque las noches de cascabeles son también noches de amistad, noches de recordar mil y un historias y de crear las que pronto serán recordadas, son noches de baile, de sonrisas, de brindis a las estrellas, son noches de conocer sonrisas que enamoran y noches de seguir enamorándote cada año más de esas sonrisas, noches de carnaval sin máscaras, noches que nos demuestran que, con más canas y menos pelo, seguimos siendo nosotros...

viernes, 3 de octubre de 2014

Mafaldeando


lunes, 29 de septiembre de 2014

Sin perder detalle

Quitarse las gafas, un acto que sólo realizo cuando me ducho, cuando voy a nadar o antes de dormir, aunque a veces Morfeo hace que termine con mi cabeza entre las páginas de cualquier libro sin desprenderme de mis binóculos.

Siempre me pareció curioso que todo comenzase a verse con mucha más claridad en mi vida poco después de que me pusieran gafas. Habrá quien piense que son artefactos del diablo y que donde estén unas lentillas no hay color, pero hace 5 años me tocó aceptar a mis nuevas compañeras y, habida cuenta de que iba a ser para siempre, no dudé en adaptarme a ellas.


En los ojos, y en la vida, el proceso es siempre el mismo, cambiarse de gafas y de forma de mirar el mundo trae dudas, unos primeros días de incertidumbres, algún que otro tropiezo y la inseguridad de quien abandona su camino de sombras y nieblas. Pero poco a poco todo comienza a verse mucho más claro, no se si el comenzar a distinguir los detalles, las formas y los colores a través de mis ojos de adulto fue lo que hizo que comenzase a distinguir los detalles, formas y colores del camino con mis ojos de niño, no se si haber mirado hacia aquellas montañas, que tanto me hablaron en silencio, con mis ojos viejos, habría cambiado la determinación de virar todos los rumbos que dirigían mi existencia, lo que si se es que, cuando, por un sólo momento, abandono mis gafas, y pierdo los detalles, mi único deseo es cogerlas de nuevo y distinguir hasta el último matiz de lo que el camino me pone delante...

martes, 23 de septiembre de 2014

Enraizando

Hacer camino siempre ayuda a avanzar en la vida, da lo mismo que sea en una dirección o en otra, pero siempre avanzando.

Cada paso, cada mirada, cada sonido, cada aroma, cada beso... van construyendo presentes y futuros, reviviendo los pasados y, aunque no siempre nos digan de donde venimos y hacia donde vamos, lo que es seguro es que tienen la mala costumbre de ayudar a construir lo que somos.

Yo siempre he pensado en la vida que uno es de donde está, que la sangre se renueva con el oxígeno que se respira y que las raíces nos deben ayudar a ver de dónde venimos pero indicarnos hacia donde vamos. Han sido estas semanas de enraizar en varios sentidos de la vida, de echar raíces en la relación con los ojos que me miran cada mañana, en crear recuerdos conjuntos, imágenes y sabores que rememorar, sonrisas que repetir, besos que soñar. Han sido semanas también de enraizar en el de dónde vengo, de dehesas, olivos y viñas, de calor de pueblo sufridor y sufrido siempre en pie pero nunca levantado, de no olvidar que en el fondo, algo hay de cierto cuando se dice que de casta le viene al galgo.


Semanas, en definitiva, de enraizar pasados, presentes, futuros, de seguir sembrando, de seguir caminando, de seguir convenciéndome cada vez más, de que no hay raíces más fuertes ni que me amarren más a la tierra, que las suelas de mis zapatillas...

martes, 19 de agosto de 2014

Momentos para disfrutar

Parece mentira, tener todo el tiempo del mundo y que te de la sensación de que no cunde nada, sentirse atrapado en casa y necesitar imperiosamente parar y poner kilómetros de por medio.

Lo cierto es que al final, hasta cuando uno está parado necesita de unas buenas vacaciones, hacer una parada y desgastar zapatos en lugares desconocidos, con nuevos olores, colores y sabores, con más sueños que dinero en los bolsillos.

Se acerca el momento y, sin importar tanto el destino, tengo la sensación de reencontrarme poco a poco con lo que soy. Esa ilusión de pensar maletas y caminos, ese ponerse de nuevo los ojos de niño y pegarlos a una cámara de fotos, ese saber que los pasos son acompañados por quien más te importa, compartiendo nuevas trincheras, el viaje, la vida, las locuras de aeropuerto, los mares inmensos, los nervios y las sonrisas.


Se acerca el momento, pues, de disfrutar...

martes, 12 de agosto de 2014

Vago, muy vago....