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martes, 6 de mayo de 2014

Demócratas de sofá

Es un no parar, da lo mismo que estés con la familia, con amigos, con conocidas o comprando verduritas locales en tu frutería, la conversación, una vez superado el escollo del hoy hace sol/lluvia/calor/frío/ciclogénesisexplosiva (lo que viene siendo del tiempo) siempre termina virando hacia el mismo e inexorable punto, la cosa está muy mal.

Y llega a este punto, todo sea dicho, porque es verdad, la cosa está muy mal. La cosa está muy mal porque el sistema que nos imponen no funciona, mejor dicho, funciona fantásticamente, pero para quienes nos lo imponen. Estamos en un país/terruño/patria/repúblicabananera (lo que cada cual quiera poner) en el que todos los días 6 millones de personas se despiertan (seguro después de haber maldormido) sin la posibilidad de ir a un trabajo con el que subsistir. Estamos en un lugar en el que esos 6 millones de personas, y el 41 restante, desayuna con corrupción y come y cena observando como ladrones y corruptos campan a sus anchas llevándoselo crudo mientras la gente de a pie no sabe como terminar de llevar el pan a sus mesas.

Estamos en ese lugar, en el que en cualquier rincón y en todas y cada una de las conversaciones despotricamos y supuramos indignación contra la casta política, la banca y el sistema, y estamos en ese terrible lugar en el que después de bramar nos vamos a casa tan agustico a sentarnos en el sofá y ver mujeres hombres biceps y berzas en telecirco.

Hace mucho que la democracia en este país está podrida, de hecho apestaba cuando nació y ni con nenuco se ha camuflado su hedor. Se nos permite participar poco o nada, cada vez menos, y creen que relegándonos a depositar un sobre en una urna (cuando no en sus bolsillos) cada 4 años pueden cerrarnos la boca y seguir haciendo y deshaciendo a su antojo, pero no, no esta vez, no ninguna otra vez.

Quien me conoce ya sabe bien que nunca he sido de quedarme en el sofá, soy más bien amigo de las utopías convertidas en grito y que para mí calle bonita es la que lucha, y, una vez más, no voy a callarme. Es hora de que, desde dentro de su circo, las fieras devoren a los domadores, es hora de cambiar las cosas, por eso voto siempre, por eso no voto a los de siempre.


Yo, desde mi sobre, el que vale de verdad, el que vale más que los que van llenos de billetes, en las próximas elecciones elegiré Podemos, yo, desde este pequeño rinconcito, a quien quiera escucharlo, le pediré que llene su sobre de utopías y rabia, votando por quien crea que puede cambiar las cosas, y no volviendo a votar nunca a los de siempre. El 25 de mayo, tal vez, los sofás se queden vacíos, y las urnas llenas.

1 comentarios:

Espaciofotografico dijo...

Me gusta, bien escrito y clarito