Con estas cosas lo mejor habitualmente es callarse y pensar
lo de que “todo lo malo que pase sea esto” no vaya a ser que uno abra la boca y
continúe la mala racha. Así que he optado por eso de dejar pasar los días, no
vaya a caerme un tiesto mientras paseo o me de una salmonella si me voy de
pintxos.
Es curioso como, una vez que a uno le empiezan a pasar
pequeños “accidentes”, es como si el universo se aliase para que sucedan todos
juntos y en un breve lapso de tiempo, que si un accidente haciendo kayak, un
golpe con el coche, incluso que te roben plantas del balcón… mala suerte, se
suele decir.
Lo cierto es que yo nunca he tenido muy claro si la suerte
te busca a ti o si eres tu quien la busca a ella, lo mismo que no tengo muy
claro si cuando decimos que tenemos mala suerte no hemos tenido una potra del
copón bendito y deberíamos estar dando palmas con las orejas de que no nos
pasaran cosas peores, Porque lo cierto es que me corto el pie pero se queda en
un susto y una marca para la posteridad, o que yo sigo entero y es el pobre
coche el que paga los golpes que me dan, lo que hace que el concepto de buena o
mala suerte no deje de ser algo muy relativo.
Aún así, como habrán comprobado, me he cuidado mucho de
hablar de mi mini “mala racha” hasta que no parece haber pasado, no vaya a ser
que me mire un tuerto, y tengamos una verdadera desgracia…
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