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jueves, 20 de marzo de 2014

Ave Caesar

Los que han vencido a Microsoft te saludan!

No se exactamente si la famosa oración sería así hoy en día en caso de que aún perviviera el imperio romano, lo que queda claro es que a mi peculiar batalla por volver a la red le viene que ni pintada.

Lo cierto es que yo, tan acostumbrado a ir sembrando los inmundos rincones de internet con mis pensamientos y ensoñaciones, daba por hecho que unas vacaciones virtuales eran pan comido, pero nada más lejos de la realidad. Si ya de por sí las relaciones humanas han dejado de serlo, y nuestra cajera se llama paypal, y si queremos contratar otra línea debemos pulsar el 3, y en vez de reirnos y contagiar el más maravillosos de los viruses que es el buen humor tan sólo escribimos xD; no es menos cierto que fuera del mundo virtual hace frío, y mucho.

Y es que la puñetera red nos hace falta para todo, ¿quieres presentarte a una oferta de trabajo? por internet, ¿quieres estudiar? online... y así con todo oigan, así que, con el paso de las semanas, el mal de las redes comenzó a expandirse en mi interior cual cáncer sin otra cura que la de llamar urgentemente a churrophone para que devolviera a mi alma ese aura de paz que sólo Bill Gates sabe otorgarnos.

Eso sí, ya saben que lo que a otras personas les es un abrir y cerrar de ojos a mi me ha costado más que a Gerges invadir Esparta, que si no va el router, que si el wifi, que si el sistema operativo... en fin, mil y un problemas ridículos que han alargado mi descanso virtual, aunque no quiera reconocerlo, a mi pesar.

A pesar de todo, here i am again...

jueves, 30 de enero de 2014

Aniversarios sin tinta ni teclas

Debo reconocer que, a pesar de ser un gran defensor de los medios tradicionales de comunicación como tomarse un café  leer un libro de papel o echar un polvete en vez de hablar por guasap, leer ebooks o tocarse viendo porno en el móvil; últimamente el no disponer de internet más allá que en el móvil me está haciendo tener cogidos con pinzas mis rinconcitos virtuales.

Lo cierto es que, a pesar de disponer de tiempo libre de sobra para aburrir a una seta, tampoco me ha dado por darle al bolígrafo y al cuaderno, y al abrir hoy este mi pequeño diario de locuras, y ver que lleva abierto la pequeña friolera de siete años pues me he dicho que ya va siendo hora de volver a darle a la tecla,a la pluma, al carboncillo o al papiro, hora, en definitiva, de volver a plasmar lo que pasa por mi muchas veces acelerada cabecita. Tal vez no será con tanta regularidad como lo ha venido siendo, pero prometo, como dijo el tango, volver... y terminar versos inconclusos, poemas abandonados a media nostalgia y sueños de payasos de suela desgastada...

lunes, 13 de enero de 2014

Con el pie izquierdo

Lo cierto es que las entradas de año nunca suelen ser ni buenas ni malas ni todo lo contrario, el año se suele comenzar con un copazo en la mano y un clavo mañanero unas cuantas horas después que no hacen sino certificar que nos morimos en deseos de ahogar en alcohol los males del año anterior.

Este año, por llevar la contraria, mi cuerpo ha decidido fustigarme brutalmente y regalarme 2 semanas de cama, fiebre y destrozo corporal para que arranque el año con buen pie. Si si, con buen pie, porque lo cierto es que, las personas que desbordan juventud y lozanía como yo (amén de una belleza sin par), tenemos la mala costumbre de pedir a las entradas de año anhelos y sueños sin valorar nunca que, la salud, esa jodía cosa "que nunca debe faltar" es la que al final nos marca lo que podremos hacer o dejar de hacer.

Así que, a pesar de los males y dolores, imagino que debo agradecer el haber comenzado así el año, dándome cuenta de que cosas son las realmente importantes, y aprendiendo que, por muchos caminos que se piensen, todos son imposibles de caminar si no hay fuerzas para poner un pie delante del otro.

viernes, 20 de diciembre de 2013

¿Fuera de servicio?

Ya se que son muchos días sin daros esa tan adorada tabarra pero la verdad es que ciertos acontecimientos entre los que destaca la lamentable pérdida de mi puesto de trabajo (y digo lamentable porque mi ex empresa es lo que es, lamentable) me tienen alejado de este maravilloso mundo que es "el internés" así que, mientras veo como me organizo, si escribo con pluma y papel y os lo mando por tamtam, txalaparta o psicosomáticamente, seré parco en palabras y entradas, muy a mi pesar. Por si a caso... felices fiestas! 



jueves, 5 de diciembre de 2013

Necesitando mis vacaciones...

Es cierto que yo tengo mi propia interpretación personal de lo que debería ser tomarse un descanso, que no he sido nunca muy bueno en eso de estar 15 días tirado en el sofá levantándome una vez pasado el mediodía y que suelo volver de mis vacaciones con tantos kilómetros en las espaldas que parece que llego peor a como he partido, lo se, soy un masoca adicto a mis locuras viajeras, y dudo mucho que alguien encuentre un antídoto a estas alturas. A pesar de todo esto, yo siempre he pensado que lo importante en el tiempo de vacaciones es la desconexión con la cotidianeidad impuesta creando un pequeño espacio de disfrute, cada cual el suyo, sin reglas ni límites, por lo que, en un sofá o en una montaña perdida de los Andes, cualquier cosa vale si es lejos de la gris rutina laboral.

La verdad es que, este año, por cuestiones diversas, y a pesar de las mil maravillosas escapadas que he podido hacer, me han faltado los días de vuelo, la desconexión habitual de semanas para mirar nuevos caminos con ojos de niño, y eso me pesa.


No se si las quiero o si las necesito, pero son mis vacaciones. Son mi espacio de desconexión, relax, locura, ensoñación, utopía. Son mi tiempo para mirar el mundo como a mi me da la gana, para escribir con menos teclas y más tinta, para cargar la mochila de sueños y la cartera de pesos, y aparcar los tupper y los euros por un rato. Son mi tiempo para salir corriendo a miles de kilómetros sin parar de echar en falta mi casa, son buenas, malas, regulares, pero son mías, y las necesito, prontito…

jueves, 28 de noviembre de 2013

Mafaldeando...


miércoles, 20 de noviembre de 2013

Rebañando momentos

A veces uno, tal vez porque se le acumulan esas estupideces dictadas por la sociedad y que damos a llamar preocupaciones cotidianas, termina por perder la perspectiva y enfoca su existencia a disfrutar de los cuatro ratos libres que sus obligaciones le dejan.

Vivir cinco días a la semana en un eterno lunes matando porque llegue el último suspiro del viernes, para pasar el fin de semana lamentando que, en breve, llega el lunes. Tan triste como instalado en nuestras mentes que termina convirtiéndose en un mantra que repetimos una y otra vez, que la semana es muy larga y que lo bueno dura muy poco, y que, cómo no, qué le vamos a hacer…

Yo, a pesar de mi  mismo, a veces también caigo en la vorágine y pierdo totalmente la perspectiva, también tengo días en los que me levanto, me ducho y se me olvida la sonrisa en el lavabo. Se me hace inevitable en ocasiones sentir que los días se hacen interminables y me enfundo mis ojos de adulto, le hago vudú a Peter Pan y me dedico a rebañar las sobras del día envuelto en el gris estrés que nos impone la vida moderna.

Rebañadores de momentos, en eso terminamos convertidos, en autómatas teledirigidos 40 horas a la semana que sólo pueden untar el dedo en el tarro del fin del día para chupar unos minutos de televisión antes de irse a la cama para después volver a empezar. Caminamos como zombies en busca del fin de semana para dedicarnos a llorar por lo poco que dura el helado en vez de disfrutar cada uno de los lametones, sin rumbo ni horizontes, caminando en círculos de nuevo hacia la cadena de producción.


Pues lo siento mucho, pero conmigo no cuenten, yo me bajo en esta parada, me aireo y me empacho sin prisas, y luego ya, si eso, vuelvo…

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Me fui...


jueves, 7 de noviembre de 2013

Carcajadas payasiles

Nariz roja, ropas de colores, zapatones y una cantidad ingente de tontería mental, esos han sido durante años los ingredientes de nuestra fórmula mágica para hacer frente al día a día sin que nos falte la sonrisa ni el gris termine por oscurecer nuestros ojos de niños grandes.

Lo cierto es que, echando un ojo en ese pequeño rinconcito que creamos los 2 inseparables payasos viajeros, y a pesar de que la cuenta atrás hacia el último destino lleva más de 500 días pasada de vueltas, no puedo sino soltar una gran carcajada y quedarme totalmente perplejo ante nuestra capacidad idiotizante e idiotizadora.

La verdad es que no sabemos, ni nosotros ni nadie, si la vida nos pondrá en bandeja el poder volver a cruzar charcos juntos con las mochilas repletas y los bolsillos vacíos o si tendremos que montar un circo local para dar rienda suelta a nuestras payasadas pero, en el fondo, la longitud del camino es lo de menos.


Viajar, soñar despiertos, ilusionarnos, sonreír… no es más que una actitud ante lo que el camino nos pone por delante, una actitud rebelde ante un mundo repleto de caras largas, una estampida hacia delante, una máquina de imborrables recuerdos sobre situaciones que realmente han merecido la pena ser vividas y, cuya lectura a toro pasado, no puede sino provocar nuevas carcajadas…


lunes, 4 de noviembre de 2013

Mis zapatillas viejas

Lo pienso dos de cada tres veces que las miro, ha llegado la hora de jubilarse. Lo cierto es que parecía que no iban a haber sobrevivido a un incidente tropical hace ya un año y medio, pero, como haría yo, se resisten a dejar de gastarse, a dejar de hacer camino.

Mis zapatillas viejas, cada vez más desgastadas, con su suela demacrada y casi sin las marcas que han quedado en mil caminos, con sus mil cicatrices en forma de rozaduras, con sus tejidos rotos ya incapaces de mantener fuera el agua.

Mis zapatillas viejas, mi carroza real. Mi polvoriento carruaje en los pasos del camino, el necesario ancla a la tierra para un cuerpo que sujeta corazón y ojos de niño, mis compañeras de viaje, de emociones, alegrías, sonrisas.


Mis zapatillas viejas, que se resisten a terminar  en un sucio cubo, que se resisten a un adiós sin despedidas, a un final sin recuerdo, a un último paseo conscientes de que, al igual que nosotros, cuando termine el viaje, seguirán quedando mil y un caminos por andar…